La carrera por los pasillos de la mansión no cesaba. Vladislav, Adara, Blade y Florin avanzaban con rapidez, sus pasos resonaban en las piedras frías del suelo. A su alrededor, la oscuridad parecía espesarse más, como si la misma casa tratara de tragarse su presencia, como si supiera lo que estaba por suceder.
«Nos acercamos, está cerca…», la voz de Adara, cargada de preocupación, se coló en la mente de Vladislav. El vínculo entre ellos estaba vibrando, como una cuerda tensada a punto de romper