Decididos a no perder a Ionela. Se embarcaron en un camino que aunque todos sabían que era peligroso, no dudaron en transitar.
La tierra de la manada Luna Roja se extendía ante ellos como una vasta selva de sombras. Los árboles eran altos y densos, sus raíces entrelazadas como si quisieran atrapar a cualquiera que se atreviera a cruzar su umbral. Vladislav, Adara, Blade, Florin y el resto de los miembros de la manada Drakos avanzaban con cautela, pisando el suelo cubierto de hojas secas, y el a