El bosque era un caos de rugidos y luces.
Cada choque de colmillos levantaba una oleada de energía, una mezcla de magia y furia pura.
Vladislav giró, esquivó un golpe, y lanzó a un lobo contra un tronco con una fuerza brutal.
Su respiración era fuego, su cuerpo una mezcla de sangre y sombras vivas.
Pero eran muchos para él
Andrew rugía órdenes, y los suyos lo seguían con una sincronía enfermiza.
Eran la imagen de la obediencia ciega, y detrás de ellos, había un hilo invisible —una energía oscu