El sueño lo tomó sin aviso, como una sombra que se desliza entre los resquicios de la mente.
Vladislav sintió el frío antes que la oscuridad: era un viento helado que le arañaba la piel y le susurraba al oído su nombre.
«Ven…»
La voz era inconfundible. Profunda. Dominante. Era la voz de su padre.
Y, aun sabiendo que no debía responder, Vladislav se levantó en medio de la noche, guiado por un impulso que no comprendía.
Abrió los ojos, pero el campamento que habían armado para pasar esa noche seg