Mientras tanto, Claudia terminó de preparar la cena. Dispuso la mesa con esmero, alineó los platos y los cubiertos con precisión. Encendió las velas una a una, dejando que la luz cálida envolviera el comedor en una atmósfera íntima. Finalmente, acomodó las rosas en el florero, ajustándolas con delicadeza hasta que quedaron perfectas. Se detuvo un instante a contemplar el resultado, satisfecha, respirando hondo, como quien espera que la noche esté a la altura de sus expectativas.
—¡Todo está pe