Luego de la entrevista con su cliente, Claudia regresó al Bufete, mientras se le hacia la hora de buscar a Santiago. Aún estaba pensativa, aquella historia había sido inesperada para ella. Muchos juzgan a las personas por la forma en que actúan, pero pocos conocen de su dolor, de sus tristezas. Sentía compasión por Paul Bellini, el mafioso más importante de la zona Este, el duro, el implacable. De pronto, su celular comenzó a sonar, sacándola de su estado reflexivo a la cruel realidad. Pestañeó un par de veces, reaccionando rápidamente al ver en la pantalla de su celular “Maestra Libia”. Se apresuró a atender la llamada:—Sí, maestra, dígame. —su rostro palideció cuando escuchó la voz del otro lado, diciéndole:—Santiago tuvo un desmayo, lo tengo en la clínica Santa Rosa. —Voy para allá —contestó angustiada, tomó su cartera, fue hasta donde estaba Julia— Tengo una emergencia, dile a Fabricio que trataré de regresar.—¿Es Santi? —preguntó al verla tan angustiada.—Sí. —contes
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