El bosque entero parecía en pausa, como si contuviera el aliento. No cantaban los pájaros. No se movían las hojas. Incluso el rocío sobre la hierba parecía suspendido, como un pensamiento que aún no decide caer. Era el momento justo antes del alba, cuando la oscuridad ya no manda, pero la luz aún no reclama su sitio. Elia cruzó el umbral de la cabaña con la respiración contenida, como si supiera que cualquier palabra dicha muy alto rompería un equilibrio sagrado.
En su muñeca, el hilo rojo tren