Con todo lo que la mujer está diciendo frente a su hijo, Cristian solo bajó la cabeza. Avergonzado y preocupado de que el niño lo aborrezca.
—Isabel, por favor, solo dame unos minutos para que hablemos—. Suplicó.
—Lo siento mucho, tengo un compromiso que atender y no puedo defraudar a mi hijo.
—Mamá, el papá de mis amigos es el dueño de esta escuela. Le he dicho que tú no asistirás a esa reunión y en tu lugar te representará él.
—¡Cómo! Gabriel no es posible que me estés traicionando de esa man