El día tan esperado llegó. Valentina no lo sabía, pero Javier sí. Se habían puesto de acuerdo con los trillizos y con el pequeño Gabriel para entretener a su madre antes de entrar en la institución.
—Mamá. Sé que siempre me has pedido que me porte bien y que mis notas sean excelentes.
Te juro que lo he cumplido.
No te he defraudado y nunca te defraudaré. Pero, a cambio de esa felicidad que yo te doy con mis notas que te hacen sentir orgullosa, quiero pedirte que regales un helado.
—Está bien, c