El perdón no fue un borrón mágico, sino la pala que comenzó a cavar los cimientos de una nueva vida. La paz que se respiraba ahora en la mansión Mendoza era diferente: ya no era la quietud tensa de la espera, sino el silencio activo de la reconstrucción.
Con Fernando en prisión y su amenaza erradicada, el grupo se enfrentaba a una tarea igual de monumental: aprender a vivir sin la sombra del enemigo.
La clínica era el primer frente. Una reunión se convocó en el despacho que había sido de Ricard