El amanecer encontró a Marco caminando solo hacia el cementerio. La brisa fresca de la mañana llevaba un aroma a tierra mojada y a flores nuevas, un contraste purificador con la pesadez que había cargado por tanto tiempo.
Se detuvo frente a la lápida de mármol negro de Ricardo Mendoza. La inscripción era simple: "Ricardo Mendoza. Padre, esposo y visionario. Su legado late en cada vida salvada".
Por primera vez, Marco no sintió la punzada de rabia o amargura al ver el nombre. Solo una tranquili