Treinta semanas después de la triple boda, la Clínica Mendoza era un hervidero de actividad normal, pero en el aire flotaba una expectación familiar. Marianna, con un vientre inmenso que parecía desafiar las leyes de la gravedad, caminaba por los pasillos con Álvaro pegado a su lado, una sombra protectora y orgullosa. Las terribles náuseas de los primeros meses eran un recuerdo lejano, reemplazadas por una pesadez dulce y la ansiosa espera.
El día llegó con la furia de una tormenta de verano. L