Los meses siguientes a la revelación de los gemelos fueron un torbellino de ecografías, preparativos y noches de insomnio compartidas entre Valeria, Marianna y Laura. La "liga de las madres", como las bautizó Álvaro entre sonrisas, se había organizado con la eficiencia de un equipo quirúrgico para turnarse en el cuidado de los niños: el pequeño Mateo, de casi dos años, que ya mostraba una curiosidad incansable; Santiago, con sus fascinantes ojos azules que hechizaban a todos; y Alma, cuya deter