Los días siguientes a la revelación en la biblioteca de la mansión Mendoza fueron de una quietud densa y antinatural.
La verdad, ahora plenamente expuesta, parecía haber absorbido todo el sonido, dejando a su paso un eco de dolor y una pesadumbre que se respiraba en el aire.
Valeria, aunque dueña de una fortaleza inquebrantable, navegaba por la casa como un espectro, la herida de su origen biológico supurando una silenciosa agonía interior.
Había aceptado los hechos, pero el proceso de diger