CAPITULO XXXV

Los Cimientos del Mañana

Isa Belmonte

La paz que habitaba nuestra casa no era la de la ignorancia, sino la forjada en la conciencia de haber sobrevivido a la tormenta. Cada amanecer que iluminaba el jardín, cada noche tranquila interrumpida solo por el llanto de un bebé, era un tesoro cuidadosamente custodiado. La rutina se instaló entre nosotros como un manto de normalidad tejido con hilos de vigilancia constante.

Mario se sumergió en la dirección de la Corporación Colombo con la misma intensi
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