—¿Un matrimonio? —murmuró Romain y rápidamente miró a Angeline, haciendo suposiciones equivocadas—. Pero yo ya estoy casado.
Aunque si se lo hubieran pedido, sin vacilar habría hecho a un lado a Victoire, su esposa, solamente para escalar más alto. Después de todo, ya había conseguido de ella lo único que le había interesado cuando decidió escogerla como su esposa.
—Eso ya lo sabemos —dijo Angeline con desprecio, al darse cuenta de que el muy imbécil suponía que querían casarla a ella con él