—¿Estás preparada, muñequita? —le preguntó cuando su atención se centro nuevamente en ella.
Usando su braz, Fabien le rodeó el estómago de Madeleine y la levantó del respaldo del sillón.
—Pon tus pies en el suelo —le indicó, sin soltarla para que no tropezara y cayera.
Ella lo hizo. Lentamente, fue deslizando su pie hacia abajo, tanteando, hasta que sintió el frío de las baldosas bajó su talón. Luego hizo lo mismo con el otro, hasta que estuvo de pie.
Soltando su estómago, Fabien le puso las m