La mañana encontró a Madeleine despierta, tendida sobre las sábanas de seda, con la mirada fija en el techo mientras intentaba ignorar la forma en que su propio cuerpo parecía recordarlo todo con una precisión insoportable.
Había una pesadez distinta en su cuerpo, un dolor en sus músculos, una memoria que no se limitaba a lo que su mente quería admitir y que se aferraba a su piel como una marca invisible que no podía borrar. No debería sentirse así, no después de lo que había pasado, no despu