Hacía tiempo que Fabien no utilizaba la cuerda, al menos no con una pareja íntima. Utilizaba sus habilidades con frecuencia para torturar a sus enemigos. Pero nada lo había preparado tan intensamente como para atar a la mejor enemiga que había tenido jamás y obtener un intenso placer de ello.
La última atadura que deseaba hacer era una atadura de sirena en los deliciosos muslos de Madeleine, que le mantendrían las piernas juntas.
Siguió concentrado en lo que hacía, aunque tenía la polla dura co