—¿Qué me vas a hacer? —preguntó Madeleine, con el tono de voz impregnado de anticipación.
Fabien le acarició los labios con los dedos, masajeando el inferior entre las yemas del pulgar e índice y dejó escapar una sonrisa sombría.
—Nada que no vayas a disfrutar —le respondió.
—Lacroix, necesito tocarte.
―Tomarás exactamente lo que te dé, muñequita, y dejarás que te haga todo lo que quiera hacerte. Ahora, espérame uno momento.
Fabien se alejó de Madeleine, dejándola allí donde ella se encontraba