Madeleine tardó unos segundos en reaccionar. Lo suficiente para que Angeline pareciera divertirse todavía más.
—No sé de qué estás hablando —dijo finalmente, intentando mantener la compostura, aunque su voz salió vacilante y por lo tanto nada convincente.
Angeline soltó una carcajada.
Una carcajada auténtica, despreocupada y tan poco elegante para una princesa que Madeleine volvió a preguntarse si aquella mujer realmente había sido criada en una familia real.
—Por favor —se burló—. Acab