Madeleine salió de su habitación con pasos lentos, todavía preguntándose por qué había aceptado acompañar a Angeline si no estaba tan segura de querer hacerlo.
Quizá aburrimiento. Quizá curiosidad. O quizá porque quedarse sola en aquella casa, pensando demasiado en Fabien y en todo lo que estaba empezando a removerle por dentro, era la peor opción.
Llevaba puesto un vestido simple, corto y ceñido a su cuerpo, negro, sin demasiados adornos, lo justo para sentirse cómoda sin llamar demasiado