Madeleine no pensó. Se dejó llevar por el primer impulso que la atravesó.
El cuchillo ya estaba siendo empuñado por su mano antes de que su mente terminara de decidir por qué lo hacía. Orgullo, rabia, odio, necesidad de demostrarle que no era débil y que la estaba subestimando… o quizá algo más oscuro y mucho peor que cualquier otra cosa: su débil carne traicionándola una vez más para recibir el satisfactorio castigo prometido.
Dio un primer paso hacia él. Lento. Midiendo las posibilidades.