Siendo totalmente ridícula, porque sabía a la perfección que jamás podría contra todos esos malditos músculos, una última vez intentó luchar por el control, pero se acabó en segundos.
Fabien era demasiado fuerte y ella se terminó rindiendo.
Él aplanó su mano entre los omóplatos de ella y la sujetó contra el respaldo del sillón. Con su otra mano, buscó bajo los cojines del sillón el juego de esposas que había ocultado allí por si a Madeleine se le antojaba "jugar" y con ellas le esposó las manos