BIANCA
El silencio de la habitación era tan denso que Bianca podía escuchar el latido de su propio corazón. Sentada frente al ventanal de su despacho, contemplaba la ciudad de Palermo mientras la luz del atardecer teñía el cielo de tonos anaranjados y rojizos. Sus dedos tamborileaban sobre el reposabrazos de cuero, marcando un ritmo irregular que reflejaba su inquietud interior.
Habían pasado tres días desde el enfrentamiento con Luca. Tres días en los que no había logrado conciliar el sueño po