LUCA
El amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación cuando abrí los ojos. Bianca dormía plácidamente a mi lado, su respiración acompasada y tranquila, como si por unas horas hubiera olvidado quién era, quiénes éramos nosotros. Su cabello negro se esparcía sobre la almohada como tinta derramada, y su piel pálida brillaba con los primeros rayos del sol.
Me incorporé con cuidado para no despertarla. Observé las cicatrices en mi torso, marcas de batallas pasadas, recordatorios de mi vida