BIANCA
El reflejo en el espejo me devolvía la imagen de una mujer que ya no reconocía. Mis ojos, antes fríos y calculadores, ahora escondían una vulnerabilidad que me aterraba. Pasé los dedos por mi cabello suelto, negro como la noche, y respiré hondo. La habitación, decorada con el lujo propio de los Moretti, se sentía como una jaula dorada.
Luca. Su nombre se repetía en mi mente como un eco interminable. El hombre que había jurado protegerme, el mismo que ahora representaba mi mayor amenaza.