LUCA
El amanecer se filtraba por las cortinas de seda cuando abrí los ojos. Bianca dormía plácidamente a mi lado, su respiración acompasada y tranquila, como si por fin hubiera encontrado paz después de tanto tiempo. Observé su perfil recortado contra la luz tenue: la curva de su nariz, sus labios entreabiertos, las pestañas largas proyectando sombras sobre sus mejillas. Parecía imposible que esta mujer vulnerable fuera la misma que comandaba con mano de hierro el imperio Moretti.
Deslicé un de