LUCA
El frío metal de la Beretta reposaba contra mi piel mientras ajustaba la funda de tobillo. La rutina era siempre la misma: arma principal al costado, respaldo en el tobillo, cuchillo táctico en la espalda. Después de quince años, estos movimientos eran tan naturales como respirar.
Me miré al espejo del apartamento franco que había establecido hace tres meses, lejos de la mansión Moretti, lejos de Bianca. El rostro que me devolvía la mirada era el de un hombre dividido. Las ojeras marcaban