BIANCA
La luz del atardecer se filtraba por los ventanales del despacho de Bianca, tiñendo la estancia de tonos dorados y carmesí. Sentada tras su escritorio de caoba, observaba con atención el informe que acababa de recibir sobre los movimientos de la familia Russo. Sus dedos tamborileaban sobre la madera pulida mientras su mente trabajaba a toda velocidad, trazando conexiones, buscando patrones.
El sonido de unos nudillos contra la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Adelante —dijo sin leva