Acaso su padre se había vuelto loco.
Eso era lo único que podía pensar Ian mientras la frase resonaba en su cabeza como una sentencia sin apelación.
“Declaro como única sucesora de mi legado… a mi hija, Ellis Spencer.”
Cada palabra lo golpeaba como un martillo invisible. El aire en la sala se tornó denso, espeso, cargado de un silencio cruel que a nadie pareció incomodar… excepto a él. Nadie alzó la voz. Nadie lo defendió. Ni siquiera Ellis.
Ella simplemente lo miró con esa calma irri