—¿Maritza?
Entonces, todo cobró sentido en la mente del mafioso.
Maritza había sido aprendiz de Evaristo durante años, casi como si fuera su propia hija. Aquello no era solo una traición: era un golpe brutal para su amigo.
—¿No es esto una maravillosa coincidencia? —soltó Maritza con una sonrisa venenosa.
El cinismo en sus palabras encendió la ira del mafioso. Había visto muchas traiciones que merecían pagarse con sangre, pero esta… esta rozaba lo imperdonable.
—Eres una…
—¡Shhhht!