El silencio de la habitación oculta parecía amplificar cada respiración. Isabella observaba la sangre que manchaba sus manos mientras presionaba la herida en el costado de León. La bala había rozado sus costillas, dejando un surco profundo que no dejaba de sangrar. La luz tenue de la lámpara de aceite proyectaba sombras danzantes sobre las paredes de piedra, convirtiendo aquel refugio en una cueva primitiva donde solo existían ellos dos y el ritmo irregular de sus respiraciones.
—Presiona más f