El polvo aún flotaba en el aire como una niebla gris que se negaba a disiparse. Isabella caminaba entre los escombros de lo que había sido el ala este de la mansión, ahora reducida a fragmentos de concreto, vidrios rotos y muebles destrozados. El ataque había sido preciso, calculado. No buscaban matar a todos, solo enviar un mensaje.
Y el mensaje había sido recibido con claridad.
Desde la distancia, observó a León dirigiendo a sus hombres como un general en el campo de batalla. Su rostro, endur