: Llamadas sin respuesta
Cuando por fin las puertas se abrieron, Cristina salió con paso apresurado. Necesitaba la seguridad de su oficina, su espacio, su refugio.
Cruzó el pasillo y, al doblar la esquina, vio a su secretaria y a Jessica conversando frente al escritorio.
—Buenos días, señora Cristina —dijeron al unísono al verla llegar.
Cristina forzó una sonrisa.
—Buenos días, chicas —respondió mientras entraba a su despacho.
Dejó el bolso sobre el sofá, se quitó la chaqueta y se sentó frente