– La Semilla de la Cizaña
El apartamento de Clara estaba sumido en una penumbra elegante, apenas iluminado por un par de lámparas de pie que proyectaban sombras alargadas sobre las paredes. Ella caminaba de un lado a otro, descalza sobre la alfombra, con una copa de vino tinto en la mano. Su mente era un hervidero de estrategias; sabía que el tiempo se agotaba y que Elio era un cabo suelto que podía arruinarlo todo.
De repente, el timbre de la puerta rasgó el silencio de la estancia. Clara se d