– Bajo la mirada de los padres
Rubén salió del edificio de las empresas Caruso sintiendo que el aire de la calle era más puro que el que acababa de respirar. La confesión de Elio le había dejado un sabor agridulce: por un lado, el asco de saber hasta dónde era capaz de llegar Clara; por el otro, el alivio de saber que, por primera vez, Elio no era el enemigo directo.
Subió a su auto, lanzó el frasco de afrodisíaco al asiento del copiloto como si fuera una serpiente venenosa y encendió el motor