Ambas se sonrieron con complicidad. Jessica regresó a su asiento al otro lado del escritorio y abrió su agenda, mientras Cristina tomó una carpeta del montón que tenía frente a ella. La abrió, hojeando los documentos con la concentración forzada de quien intenta distraerse del corazón.
El ruido del papel al pasar, el sonido de los teclados y el zumbido suave del aire acondicionado llenaron el ambiente.
Jessica la observaba de reojo. Aunque sabía que Cristina intentaba aparentar normalidad, era