Capítulo 72. Si quiero y tacos al pastor.
Silas tomó la alianza de Eris. Se enderezó y la miró a los ojos. Había llegado el momento de los votos.
Habían acordado escribirlos ellos mismos. Silas sacó un papel doblado de su bolsillo, justo al lado del reloj de su abuelo, pero al final no lo abrió. Sabía lo que quería decir.
—Eris —empezó Silas, y su voz resonó clara y firme en el jardín—. Toda mi vida me enseñaron que el éxito era una línea recta. Que la felicidad se medía en números, en activos, en perfección. Viví más de treinta años