Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl amanecer llegó con un silencio extraño.
La mansión parecía dormida, pero el ambiente estaba cargado, como antes de una tormenta. Ares bajó las escaleras con el ceño fruncido. No había dormido. La discusión con Lena seguía repitiéndose en su cabeza como un eco molesto. Ella lo había desafiado, como no lo había hecho antes, y lo peor: tenía razón. Al llegar a la cocina, la encontró sentada en el desayunado con Harry comiendo cereales. Greta, en cambio, estaba de pie junto a la cafetera, luciendo impecable, con un vestido ajustado y una sonrisa demasiado confiada. Ares la observó un momento, con la mandíbula tensa. La risa de Greta se rompió cuando lo vio acercarse. —Buenos días, amor —dijo, con esa voz empalagosa que él ya empezaba a detestar. Ares no respondió. Tomó una taza, sirvió café y, se sentó junto a Lyanna, pero eso bastó para que ella se levantara. —Vamos, Harry, o llegaremos tarde. Su actitud irritó a Ares. —¿Te vas a ir porque llegué yo? —preguntó sin dejar de mirarla y ella hizo una mueca de disgusto. —Eso es lo malo de la gente egocéntrica, creen que la tierra gira alrededor de ellos —soltó y con esas palabras se alejó, sin dejarle decir una palabra más. Ares apretó los dientes para evitar llamarla, porque no quería discutir delante de su hijo. —¿Ella siempre ha sido así tan maleducada? —preguntó Greta con suficiencia. Su comentario le molestó y no perdió tiempo de hacer lo que estaba pensando desde anoche. —Haz las maletas y te vas. El silencio cayó de golpe. Greta parpadeó, confundida. —¿Qué dijiste? Ares levantó la vista por primera vez. —Dije que es hora de que te marches y que no te aparezcas más en esta casa. No te quiero cerca de Harry… ni de nadie de mi familia. El rostro de la rubia palideció instantáneamente. Sus ojos azules se abrieron con incredulidad. —¿Estás loco? ¿Me vas a echar por ella? —su voz se quebró entre incredulidad y furia—. ¡Por esa mujer que fingió perder la memoria! ¡Por una farsante que te monta los cuernos con cualquiera! ¡¿Qué te dio para que lograra semejante lealtad de tu parte? ¿Te vas a dejar gobernar por esa... por esa mujer que no vale ni el polvo de mi zapato? —No se trata de ella —replicó Ares, frío—. Se trata de mi hijo. Esta situación se está volviendo... inapropiada para él. —¡Es tu esposa la que es inapropiada! —Greta, casi grita—. ¡Abandonó a su familia! Yo solo he estado aquí para ti. ¿Vas a permitir que sus berrinches te controlen? —Mi decisión está tomada —cortó él, secamente—. El chofer te llevará a donde necesites. Greta lo miró con rabia pura. Sin una palabra más, giró sobre sus tacones y salió por la puerta principal, cerrándola de un golpe que retumbó en toda la mansión. ***** Lyanna presenció la escena desde lo alto de las escaleras, mientras esperaba a Harry. No sintió triunfo. Solo un cansancio profundo. La humillación de los últimos días había dejado una marca. Lyanna subió al auto familiar con el chofer y acompañó a Harry hasta la entrada del colegio. Le arregló el cuello de la camisa, le besó la frente. —Mami, ¿vendrás a buscarme cuando salga? —El chofer vendrá por ti y nos veremos en la tarde en la casa. Cuídate y obedece a la maestra. Esperó a que entrara. El niño se giró varias veces para saludarla, sonriendo. Cuando desapareció dentro, Lyanna respiró hondo y se dirigió al chofer. —Lo recoges más tarde, por ahora puedes irte —le dijo, con firmeza—. Regresaré por mi cuenta. El chofer pareció dudar, pero un gesto seco de Lyanna lo hizo asentir. Después de despacharlo, comenzó a caminar por la acera, por primera vez en días, respiraba aire que no olía a lujo ni a opresión. Mientras caminaba pidió taxi y se dirigió al centro. Necesitaba encontrar un trabajo, cualquier cosa. No podía seguir dependiendo de un hombre que la humillaba cada vez que respiraba. Pasó toda la mañana caminando de un lado a otro. Tiendas, cafeterías, agencias. Cada vez que llenaba un formulario, llegaba la misma pregunta. —¿Tiene referencias? Y cada vez, la misma respuesta vacía: —No. Una gerente amable, pero firme, le dijo. —Sin experiencia comprobable, no puedo contratarla. Lo siento. Otra, más cruel, le soltó: —Tiene pinta de rica arruinada. ¿Seguro que no busca un marido en lugar de trabajo? Lyanna sonrió con amargura. —Seguro. El sol empezaba a caer cuando finalmente se dio por vencida. Le dolían los pies, el estómago y el orgullo. Pero dentro de todo, sentía algo parecido a libertad. Por primera vez desde que pisó esa mansión, nadie le ordenó qué hacer, ni cómo vestir, ni qué fingir. Tomó el autobús de regreso. La gente la empujaba, el aire era pesado, y el ruido la mareaba. Pero se sentía viva. El portón de la mansión se abrió lentamente cuando el guardia de seguridad la vio llegar. Ares la esperaba en la puerta principal, con los brazos cruzados. Su expresión era una mezcla de enfado y alivio. La vio acercarse por el sendero, con la espalda recta a pesar de la evidente fatiga. Lyanna caminó hacia él. No dijo nada. —¿Otro paseo en autobús? —soltó él con sarcasmo—. ¿Otro intento de victimizarte para que todos te vean como la pobre esposa incomprendida? Lyanna lo miró sin inmutarse. —No. Un intento de tener una vida. Ares apretó la mandíbula. Lyanna no se detuvo. Pasó junto a él como si no estuviera allí. —Estoy cansada, Ares. No tengo energía para tus juegos esta noche. Él la siguió al interior. —¿Y a dónde fuiste, tan urgentemente, que no podías usar el auto que te proporcioné? —insistió, pisándole los talones. Lyanna se volvió para enfrentarlo. El cansancio y la frustración le nublaban la vista. —A buscar un trabajo —espetó, y vio el destello de sorpresa en sus ojos—. Sí, un trabajo. Algo que me dé mi propio dinero. Mi propia vida. Algo que no dependa de ti. Una risa seca e incrédula salió de Ares. —¿Un trabajo? ¿Con qué habilidades? ¿Con qué historial? Eres Lena Valerián. Nadie te va a dar un trabajo. —No me dieron, ¡Porque no tengo nada! —gritó ella, la voz quebrada por la emoción—. ¡No tengo un pasado que pueda mostrarles! ¡No tengo referencias! ¡No tengo nada que no sea ese nombre que desprecio! ¿Sabes cómo se siente eso? ¿Sabes lo que es que te cierren todas las puertas? Ares la miró, y por un instante, el sarcasmo en su rostro se desvaneció. Vio la desesperación genuina en sus ojos. La rabia dio paso a la confusión. —¿Por qué? —preguntó, y su voz sonó menos áspera—. ¿Por qué buscar un trabajo? Tienes todo aquí. —¡Porque nada de esto es mío! —respondió Lyanna, con lágrimas de furia e impotencia brillando en sus ojos—. Nada. Y no pienso quedarme aquí, dependiendo de tu caridad y soportando tus humillaciones, tus mujeres, tus burlas, sin tener una salida. Harry se merece algo mejor. Y yo también. Esta vez, fue ella quien giró y subió las escaleras, dejándolo solo en el vestíbulo. Ares no la detuvo. La miró alejarse, las palabras de Lyanna retumbando en su cabeza. "No tengo un pasado que pueda mostrarles". "No tengo nada". Por primera vez, la idea de que ella no estuviera fingiendo, se sintió muy real. ¿Y si perdió la memoria, o peor aún si era otra persona? Pero entonces recordó. Recordó las mentiras de Lena, sus infidelidades, su egoísmo. No. Esta era otra de sus manipulaciones. Más sofisticada, sí. Pero al fin y al cabo, otra actuación. —No caeré en tu juego, Lena —murmuró para sí mismo—. Por Harry te aguanto, pero no pienso creer en tu farsa.






