Capítulo 68. Whisky y ramas de olivo.
El Oakwood Country Club era el tipo de lugar donde el tiempo parecía haberse detenido en 1950. Olía a césped recién cortado, a cuero viejo y a puros cubanos ilegales.
Era el santuario de los hombres más poderosos de Nueva York que querían esconderse de sus esposas, de sus empleados y del siglo XXI.
Silas Hawk aparcó su deportivo en la entrada, ignorando la mirada de sorpresa del aparcacoches, que no solía ver al "Hijo Pródigo" por allí. Silas odiaba este club.
Lo odiaba porque representaba to