Los primeros rayos del sol se filtraron entre las cortinas, acariciando el rostro de Leah. Abrió lentamente los ojos; el cuello le dolía, sentía la rigidez de haber dormido en una mala posición. Estaba a punto de incorporarse cuando una voz masculina la sobresaltó.
—Maldita sea… —murmuró Kevin, con evidente fastidio. Hubo un golpe sordo, como si algo pesado hubiese caído al suelo. Leah no necesitó mirar para saber que había sido él. Decidió quedarse quieta, fingiendo dormir. Sí, fingir demenci