DISCUSIÓN

Después de la conversación con su madre, Leah se dirigió hacia otro sector de la villa.

—¿Puedo sentarme con usted? —preguntó con suavidad, acomodándose en el asiento junto a la abuela, que aún no había respondido. El día estaba agradable; Isabel leía un libro bajo la sombra de un árbol.

—Claro que sí, hija, no necesitas ni preguntar —dijo la anciana, dejando el libro a un lado y sonriendo con ternura—. ¿Cómo la estás pasando?

—Muy bien, abuela. Gracias por preguntar.

—Me lo imagino. Amane
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