—No hay ningún problema —expresó Kevin con tono contenido—, pero me hubieras avisado que vendrías aquí. De esa manera habría venido contigo, y no cada uno por su lado.
Su voz sonaba calmada, aunque la molestia era evidente. Leah bajó la cabeza de inmediato; incluso sin alzar la voz, Kevin imponía respeto… o miedo.
—Lo siento —murmuró ella, la voz temblorosa.
Kevin se apartó sin responder y avanzó hacia la cabaña. Leah no tuvo más opción que seguirlo.
El hombre fue directo a la barra y sirv