La noche cayó sobre la granja con una delicadeza engañosa.
El cielo se fue oscureciendo lentamente hasta convertirse en un manto profundo, salpicado de estrellas que parecían más brillantes que nunca. La luna, redonda y generosa, iluminaba los campos con una luz plateada que hacía relucir el pasto húmedo.
Habían decidido cenar afuera.
Una mesa larga fue colocada frente a la casa principal, adornada con algunas velas y flores silvestres. El aire era tibio, agradable, y las luciérnagas comenza