El avión privado aterrizó en la pista de Bella Vista bajo la furia de una tormenta eléctrica que iluminaba el cielo como una advertencia. El viento sacudía las alas del jet mientras descendía lentamente, y el rugido del trueno hacía vibrar los cristales del hangar. Era como si la ciudad misma estuviera reaccionando a la llegada de Kevin Hill, presintiendo que algo oscuro se aproximaba.
Dentro de la cabina, Leah dormía profundamente. Su cabeza reposaba sobre el hombro de Kevin, su respiración era suave, tranquila, y aunque el temblor del avión y el estruendo del cielo parecían querer despertarla, ella permanecía envuelta en un sueño dulce. Kevin mantenía una mano protectora sobre su abdomen, como si ese simple contacto fuera capaz de resguardar a madre e hijo de todo peligro.
Kevin giró apenas su rostro hacia ella y la contempló por unos segundos. No había cansancio que le impidiera admirar la serenidad de Leah cuando dormía. Sus labios entreabiertos, la curva de sus pestañas larga