POV LEAH
Aprendí algo con el tiempo: el silencio también puede ser un lugar seguro. Hoy estoy sentada frente a una ventana enorme, con la ciudad respirando allá afuera, y por primera vez en mucho tiempo no siento que deba huir de mis propios pensamientos. Los dejo venir. Los observo. Los abrazo. Porque sobreviví.
No digo “superé”, no digo “olvidé”. Digo sobreviví, y eso lo cambia todo.
Hubo un tiempo en el que mi nombre no me pertenecía. En el que mi cuerpo era una extensión del miedo. En el