La tormenta golpeó con un trueno tan violento que los ventanales vibraron como si fueran a hacerse añicos. La mansión entera parecía respirar de forma irregular, acompasando su estructura al pulso frenético del clima. Afuera, el cielo era una masa negra desgarrada por relámpagos blancos; adentro, el infierno estaba ocurriendo de pie, frente a frente.
Kevin Hill no pestañeó cuando Dulce terminó su confesión.
No respiró.
No reaccionó como un hombre herido.
No reaccionó como un hombre traicion