La mansión en los Hamptons – Noche
Ángelo llegó a la mansión en un convoy discreto de tres SUVs negros blindados. Marco, su hombre de confianza, lo ayudó a bajar de la camioneta principal y lo empujó en la silla de ruedas por la entrada trasera privada —la que daba al garaje subterráneo y al ascensor oculto—. Nadie los vio. El aire olía a sal del océano y a gasolina, y el sonido de las ruedas sobre el concreto pulido era lo único que rompía el silencio de la noche.
Marco lo llevó directamente a