La atmósfera en la habitación cambió de golpe. Ya no había risas ni juegos de seducción; Zhang había recuperado su lugar como el ejecutor de los Ling, y Elizabeth, al ver el brillo implacable en sus ojos, comprendió que esta vez había tensado demasiado la cuerda.
Zhang la sujetó por las muñecas con una sola mano, demostrando que su fuerza física era abrumadora cuando dejaba de ser amable. Con un movimiento rápido y autoritario, la giró sobre el colchón. Elizabeth sintió la presión de su cuerpo